Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida.
Gota de vinagre derramada, fatalmente derramada,
sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve,
rosa marchitada por la nube que nos llueve.
Fuimos de esperanza que no llega,
que no alcanza,
que no puede vislumbrar la tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora,
que no reza, que no llora, que se echó a morir.
Vete,
no comprendes que te estás matando,
no comprendes que te estoy llamando.
Vete,
no me beses que te estoy llorando y quisiera no
llorarte más.
No ves,
es mejor que mi dolor quede tirado con tu amor,
librado de mi amor final.
Vete, no comprendes que te estoy salvando,
no comprendes que te estoy amando.
No me sigas, ni me llames, ni me beses,
ni me llores, ni me quieras más.
Fuimos abrazados a la angustia de un presagio,
por la noche de un camino sin salida.
Álidos despocos de un naufragio,
sacudido por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado,
sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega,
que no alcanza,
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora,
que no reza, que no llora, que se echó a morir.
Vete, no comprendes que te estoy salvando,
no comprendes que te estoy amando.
No me sigas, ni me llames, ni me beses,
ni me llores,
ni me quieras más.
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