Puedo volver cualquier día tras el polvo del camino
para hundirme en tus raíces,
fértil suelo diamantino.
Caminaré por tus calles cuando la estrella más blanca
nos parezca que se asienta al borde de una barranca.
¿Quieres soñar con la historia del ausente de los libros,
del pescador,
del nutriero o el humilde campesino?
Tal vez llegue por el monte,
por esa senda secreta que sólo descubre
el tiempo en el rigor de tu siesta.
Puerto viejo de diamante lleno de historia y leyenda,
te está buscando el recuerdo de don Agustín Ferreira.
Se va comiendo de a poco el Paraná,
tus barrancas,
pero en la luz de tus hijos toda esa costa se agranda.
Y he de volver algún día,
camino del viejo tronco,
hecho semilla en el tiempo,
el más humilde retoño.
Quiero rezar esta copla para que quede en el sueño,
que están durmiendo en la tierra hace mucho mis abuelos,
asomarme a punta gorda y tender la vista a lo lejos
y que me cubra el pasado con sus más dulces reflejos.
Por rumbear pa' costa grande donde las verdes lomadas,
sólo un pañuelo agitando la luz de la madrugada,
mientras sube por el alma el olor de tus gramillas,
a de besarlos sembrados el alma de Marcos Villa.
Sinónimo de criollismo, tropero eterno del pago,
cabalgará por el tiempo en el andar de algún vallo.
Y he de volver algún día,
camino del viejo tronco,
hecho semilla en el tiempo,
el más humilde retoño.