Yo no sé qué tienen tus ojillos negros
que me dan pesares y me gusta verlos,
que me dan pesares y me gusta verlos.
Son tan juguetones y tan palaveros,
sus miradas prontas llegan tan adentro
que hay quien asegura que Dios los ha hecho
como para muestra de lo que es lo bueno,
de lo que es la gloria, de lo que es el cielo.
Mas por otra parte son tan embusteros,
dicen tantas cosas que desvisen luego que hay quien
asegura que Dios los ha hecho como
para muestra de lo que es tormento,
de lo que es desvilla,
de lo que es infierno.
Y es que hay en tus ojos como hay en los
cielos noches muy oscuras, días muy cerebros,
y hay en tus miradas marilaje eterno
de amorcillos locos y desdén estuerdos.
Y entre sus penumbras y sus centelleos
brillantes afanes y tus pensamientos
como entre las sombras de la noche oscura
brillan los relámpagos con su vivo fuego.
Luces que parece que se están muriendo
y que de improviso resucitan luego,
y que de improviso resucitan luego.
Sombras adorables llenas de misterio como tus amores,
como mis deseos.
Algo que da vida,
mucho que da miedo.
Yo no sé que tienen tus ojillos negros
que me dan pesares y me gusta verlos.
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