Personas estrechas y llenas de mierda
que huelen a moho y a catecismo.
Las manos blandas, mirada enferma.
Son distintos y siempre los mismos.
Son los mismos,
son el ruido de fondo.
Son el ruido de fondo.
Te pasas la vida intentando pensar
que has imaginado que nunca ocurrió,
pero llega la
noche y respiras hondo y vuelves a escuchar ese ruido de fondo.
Ese ruido de fondo.
Niños crueles en colegio de pago.
Buscando motes, pegando gritos.
Que no se note que has llorado.
Que no se note que eres distinto.
Este chico no quiere estudiar.
Está siempre despistado.
No es como los otros, funciona mal.
No juega al fútbol en el patio.
Sigues escuchando ese ruido de fondo.
Ese ruido de fondo.
Momentos privados de confesionario.
Pecados, meniales, mal castigados.
Habla, chaval, no estés asustado.
Cuántas veces te has tocado.
Recuerda que arriba te están observando todos tus antepasados.
El niño Jesús,
el apóstol Santiago,
tu abuelo Jacobo y Francisco Franco.
Es el ruido de fondo.
Ruido de fondo.
Es el ruido de fondo.
Ruido de fondo.
Es el ruido de fondo.
Ruido de fondo.
Es el ruido de fondo.
Ruido de fondo.
Perdona, Padre, no creo en ti.
Buscaré la salida y no volveré a venir por aquí.