Con la nariz entre tus ojos y entre un pulmón y otro pulmón,
el corazón y los congojos,
todos en reunión.
Con tus orejas en las manos voy enseñándole a Van Gogh
cómo mejora el resultado cuando lo hacen dos.
Siempre los cariñitos me han parecido una mariconel
y ahora hablo contigo en diminutivo con nombres de pastel.
Y aunque intenté guardar la ropa al mismo tiempo que nadar,
me he resignado a ir en pelotas mientras dure el mar.
Lo que de estas estampas me limitaba a hacer colección,
me hago un lladero con el fichero,
con una condición.
El día que tengas ojos rojos y me estornude la nariz,
vamos a hacer lo que podamos por cenar perdiz.