Chapoteando entre los charcos,
vuelve un niño sin sorpresa,
el Culeyo.
Arrastrando la mochila,
a estas horas ya no puede con el peso.
Cuando los dedos de la lluvia le moldean en la cara,
ese gesto que ya no dejará.
Ha heredado un mundo viejo,
con ciudades sucursales de la muerte.
Con bandidos tan astutos,
que de Superman y Batman son los jefes.
Se revuelca con su perro y ríe loco de contento,
es el único en quien puede confiar.
Empieza la función prestidigitador.
Empieza la función prestidigitador.
Hazme un mundo mejor,
aunque sea ilusión,
que estamos hasta el cuello en esto los dos.
Llega en riento y empapado,
a su casa donde no escampa el trabajo.
Sus enemigos invisibles se despiertan en lo oscuro de su cuarto.
La tarea está primero,
si la acabas, habrá juegos,
siempre el cole,
nunca la verdad.
Si se llaman borros es posible,
la ciudad esconde el arte entre los dedos.
En el río de la calle,
en el aire están sembrados los deseos.
Y al amparo de los humos,
se camela la existencia,
niño triste en prestidigitador.
Empieza la función prestidigitador.
Empieza la función prestidigitador.
Hazme un mundo mejor,
aunque sea ilusión,
que estamos hasta el cuello en esto los dos.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.
Prestidigitador.