Tu pena se volvió sombra,
ya vieja de andar sin voz,
sustida de tiempo,
moldeando en la arcilla
tu rostro cansado,
reseco el antú.
Tu
grito no lo oye nadie,
tus sueños te hacen vibrar.
Heridos de viento,
silencio en los charcos,
tu llanto hechos al.
Tu raza,
lumbre de luna,
del barro se alza otra vez,
pues la tela sadia de los medio enales,
y en el rostro el arbo del blanco lañí.
Tu tierra tenía sombras en el siglo,
giriendo en las piedras
paisajes de ayer.
Tu tierra tenía umbreras del cielo,
el valle era tuyo,
el bosque también.