Esta sala de espera sin esperanza, estas pilas de un timbre que se secó,
este lado de fresa de la venganza, esta empresa de mudanza con los muebles del amor.
Esta campana muda en el campanario, esta mitad partida por la mitad,
estos besos de Judas, este cardario, este look de presidiario y esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas, estas ganas de nada menos de ti.
Este grabar sin brillo en primavera, ni espalda con cremallera, ni anillos de presumir.
Para decir cambio a los dos no sobran los motivos, para decir cambio sobran los motivos.
No abusé de mi inspiración, no acusé a mi corazón, tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi bond se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo.
Y me sobran los motivos.
Esta casita de muñecas de alcoba, este racimo de petados de sal,
este huracán sin ojo que luego viene, este jueves o este viernes y el miércoles que vendrá.
Esta lágrima de hombre de las cavernas, esta horma de zapatos de barba azul,
que en pocos ratos dura la vida eterna por el túnel de tus piernas entre Córdoba y Maipú.
Para decir cambio a los dos no sobran los motivos, para decir cambio sobran los motivos.
No abusé de mi inspiración, no acusé a mi corazón, tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi bond se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo.
No abusé de mi inspiración, no acusé a mi corazón, tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi bond se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo.