¡Ay, ay, ay, huesito de pecho!
Padre, deme otro trago.
Y así acerca la mañana,
cómo sacarla del pecho si está sembrada en mi alma,
entre botella y botella.
Hoy llevo cuatro semanas,
mientras más tomo el guayabo,
le reverdecen sus ramas.
El día que ella me corrió,
me fui pa' guardatinas.
Ella quedó en Maracay, casé sus primas hermanas.
Ni siquiera tomó en cuenta que un corazón desangraba,
y en cada gota de sangre iban sus huellas marcadas.
Tomaste esta decisión, eres una negra sana,
que Dios te dé lo mejor,
ya que tu raza no es mala,
y en lucha contra el destino,
esa es una ley sagrada.
Si ha de morir por tu culpa,
deme otro palo de caña.
Aquí estoy solito y triste,
bajo la sombra de un
guamacho muerto,
traidora, porque desde que te fuiste,
no quiero llegar al rancho,
donde los recuerdos tuyos pisotearon el
orgullo de un hombre completo y macho.
Recuerdo que como andrajo,
me cogieron de estropajo,
por donde quiera que marcho.
Si yo fuera a tomar trago,
ya andaría para ahí barracho,
verte mi vida con este inmenso guayabo,
que me aporre el carabacho.
Voy
a soltar el ganado y me atravieso en la puerta,
para que me lleven los cachos,
y que
mi cuerpo y mi fama se los trague la sabana en este llano tan ancho.
Paisano José Pinzón,
guayabo no mata gente, chico.
Yo soy el mismo que te regalaba flores,
chocolate de sabores,
derretió por tus amores, solo por verte feliz.
El mismo tipo que canciones te cantaba al frente de tu ventana,
alegrando tus mañanas para hacerte sonreír.
Yo soy el mismo que te regalaba flores,
chocolate de sabores,
derretió por tus amores, solo por verte feliz.
El mismo tipo que canciones te cantaba al frente
de tu ventana,
alegrando tus mañanas para hacerte sonreír.
Pero se acabó,
y no son cuentos, lo digo porque lo vi,
cuando a mi flor llegaba otro
colibrí,
y mis amores tuvieron que sucumbir.
No hay chocolates, no hay flores, no hay nada,
yo lo perdí.
¿Por qué no dijiste que con el tiempo te ibas a portar así?
De haberme
lo *** y yo no estuviera aquí,
triste y tomando y con ganas de repetir,
y brindar
porque yo era el que se moría por ti.
Salud,
brindemos por ella,
salud,
brindemos por ti,
salud,
que no quede huella cuando te vayas de aquí.
Salud, olvidar las penas, salud,
brindemos por mi salud,
porque antes yo era el que se moría por ti.
Tú me dices que me quieres,
que me amas y me adoras,
pero resulta que ahora ya yo no
te tengo fe.
Me engañaste todo el tiempo,
burlaste mis sentimientos,
caral,
pero lo
lamento, yo a ti no te tengo fe.
Tú me dices que me quieres,
que me amas y me adoras,
pero
resulta que ahora ya yo no te tengo fe.
Me engañaste todo el tiempo,
burlaste mis sentimientos,
caral, pero lo lamento, yo a ti no te tengo fe.
¿Y qué fe puedo tenerte si ya me desencante,
si el cariño que te di,
le diste hasta con los pies?
En la escuela de la vida yo pienso que me gradué,
por eso es que en tus promesas no puedo confiar otra vez.
Siempre me manipulaste igualito que a un bebé,
porque es que tienes el alma como el color del café.
Dicen que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.
Usted me conoce a mí y yo la conozco a usted.
Tenía días que no agarraba mi cuatro
con que tocaba mis canciones de lamento.
Y hoy desde la madrugada me levantó un pensamiento
de escribir otro pasaje con un guayabo
salvaje que me tiene sin alientos.
Menos mal tengo el coraje para expresar lo que siento.
Lo que siento es una pena y un hondo arrepentimiento,
porque el amor de mi vida con quien compartí mi tiempo se fue
y ya no me provoca ni consumir alimentos.
Culpable yo soy,
culpable por inestable y por terco,
vagabundo,
enamorado,
loco,
tomador,
inicio,
reflexionó en mi castigo y creo que me lo merezco.
Dale velar pa maestro,
que yo soy más arriesgado que rabo pelado chiquito.
Vivo enamorado del llano,
señores,
mi llano inmenso,
donde soy nazi y criado montando
cuatro mostrencos,
goleando toros padrotes y enlazando maruletos.
Soy un araucano y punto,
también soy kazanare.
Kazanare me dio crianza,
arauca mi nacimiento,
ya nos como él no conozco
ninguno en el universo.
Nunca los cambio por nada ni por el mundo moderno.
Allí se viven tranquilo y
a muchas cosas sujeto,
en cambio en mi llano lindo somos libres como el viento.
Somos libres
como el viento,
los llaneros somos hombres sencillos y muy honestos,
rudos para trabajarse
a cualquier cosa completos,
pero de un corazón noble,
quiere y ama con respeto.
A las buenas
somos buenos, malos si nos buscan pleito.
Llanero rajuña un cuatro, al bordón le da
un lamento,
repique el capacho fino,
canta un pasaje realengo,
suelta un verso tramoleado,
a los oropos le da un eco.
El llanero no se aflige ni que vengan malos tiempos,
tiempo malo,
buena cara,
costumbre de nuestros ancestros.
El llanero es parradero,
gasta plata por supuesto,
el llanero no conoce vicios malos para el cuerpo.
Adiós llanos del oeste,
matorrales y caminos,
no sabes con qué dolor,
con qué dolor de tú ya no me despido,
no sabes con qué dolor,
mi tierra negra de tú ya no me despido.
Ayer tarde estaba yo,
cantando muy divertido,
ayer tarde estaba yo,
cantando muy divertido,
recordando para mí,
ay para mí, aquellos llanos queridos,
recordando para mí,
ay para mí, aquellos llanos queridos.
A mí me dicen el guate,
pero me gustan los oropos,
y vivo allá en mi llanura en un rancho de zoropos,
guate soy yo,
no lo niego,
pero uso el pantalón corto,
y el sombrero a medio palo,
más caído de un lado que el otro.
Duermo en un piazo de chichorro que tiene como seis rotos,
con el torbillo coliado para que no entren los moscos,
y huele a vaca de ordeño el trapo con que me arropo,
tiene filo hasta el jarrete el cuchillo que yo corto,
mi papa es un araucano más criollo que un oripopo,
por eso es que soy un guate con raza de indio piapongo.
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