Para qué los libros, para qué Dios mío, si este amargo libro de la vida enseña
que el hombre es un pobre, pedazo de leya, que arrastre en sus ondas fugaces el río.
Para qué los libros, para qué Dios mío.
Leí muchos libros, leí tanto, tanto, que al fin se cansaron de hacerlo mis ojos.
Hoy sólo me resta un poco de llanto, una honda amargura, un hondo quebranto, un mundo de espinas y un bosque de abrón.
¿Qué sabio ha podido mecerse en la bruma? ¿Qué artista una gota formar del rocío?
Oh, pobres poetas, romped vuestra pluma, no veis cómo escribe sus versos la espuma, ni oís cómo canta sus signos el río.
Debajo de un árbol medito y espero, cuan poco a los hombres que pasan les pido.
La vida es un viaje, yo soy un romero, cansado de todo, dormir sólo quiero el último sueño de paz y de olvido.
La vida es un viaje, yo soy un romero, cansado de todo, dormir sólo quiero el último sueño de paz y de olvido.
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