Adiós por el 34, tu primera comunión,
una azada y dos guerras,
y en tu boca una oración.
Día y noche trabajando,
desde que muriera padre,
yo nunca te vi llorando,
lágrimas de pena o hambre,
cinco hijos, cinco vidas,
que sacaste adelante.
Fue gracias a la santina,
tú siempre decías madre,
nunca olvidaré el día,
en el que dije en la ermita,
cuando crezca y sea un hombre,
verás a tu virgen tita,
verte al huerto y cortar flores,
ponte guapa y no me llores,
no me llores madre mía.
Que no te vea llorando,
esta tara de la santina,
que no te vea llorando,
esta tara de la santina.
Por las noches nos hablabas,
de lo guapa que era ella,
y que estaba en covadonga,
metidina en una cueva,
que cuidaba de nosotros,
de todos los asturianos,
y con el brillo en los ojos,
que miraban mis hermanos.
Nunca olvidaré el día,
en el que dije en la ermita,
cuando crezca y sea un hombre,
verás a tu virgen tita,
verte al huerto y cortar flores,
ponte guapa y no me llores,
no me llores madre mía.
Que no te vea llorando,
esta tara de la santina,
que no te vea llorando,
esta tara de la santina.