La encargada, inquilina de hace rato, la pusieron de encargada, italiana, acriollada, viuda de un tal Liberato.
No quiere perros ni gatos, y en su trono, el comedor, la oficia de mirador, vigilando los dos patios.
Tiene una fila alineada de malvones y mosquetas, y por falta de macetas, varias ollas jubiladas,
que sus caras coloradas van mostrando con dolor el paso del soldador cuando fueron remendadas.
Gringa, con alma gaucha, cuando llega fin de mes, sabe aguantar un después,
haciendo la pata ancha, habilidosa y con cancha, mientras barre el corredor,
se fija en el medidor, si alguno puso la plancha.
La pieza desalquilada, suele barrerla enseguida, porque si hay sal esparcida, en fija quedó enlletada,
y trae la tana apurada en una pala carbón, y entre incienso y oración, la deja rehabilitada.
Cuando alguien ha soñado, sabe el número a jugar, y hasta lo suele cargar con cero cinco alfiado.
Tiene un remedio clavado para quebrar el empacho, y hace un té de ropa,
ruda macho, a cualquier indigestado.
Cuando aparece el carrito, fileteado del verdulero, ella remete primero con los precios del tanito,
y al marearlo con los gritos, revuelve las berenjenas, y se cuenta una docena de catorce zapallitos.
Por el tranquear, ya lo sabe quien fue el último que entró,
y si alguno se olvidó, por un descuido, la llave, se mete un batón, y sale al oír el llamador,
exagerando el dolor de un reuma con sucursales.
El invierno, aburrido, las va de estufa, casera, una hornallita, cualquiera con un fuego consumido,
y pensando en el marido, que se le fue allá en el diez, la consuela su vejez, un rosario desteñido.
Ah, viuda del Iberato, gran señora de la escoba, que puso turno a la soga,
para que cuelguen los toros, y que se le fue a la soga, para que cuelguen los toros, y que se le fue a la soga,
para que cuelguen los trapos, me imagino tu mal rato, cuando le den jaque mate,
con un cartel de remate, a tu viejo inquilinato.
Đang Cập Nhật
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