Cuando somos niños, nunca pensamos en el futuro.
Vivimos el presente con mayor intensidad.
Somos libres para disfrutar cada momento como pocos pueden hacerlo.
Con el paso de los años y las experiencias, te das cuenta que esa inocencia se te ve a kilómetros.
Y cuanto más trates de conservarla conscientemente, la gente se aprovecha de ello.
Usan tu plena confianza y tu fe.
Te mienten, te traicionan, una y otra vez.
Te rompen, sin piedad.
Y es que, por eso me dije a mí misma, coge malicia.
Tanta inocencia te perjudica.
Al final, me di cuenta que no podía volver a ser un ángel.
Porque la inocencia, una vez perdida, jamás se recupera.
Si aún la tienes, consérvala.
No dejes que te la quiten.
Algún día, encontrarás un corazón a la altura de tu inocencia.
No dejes que te la quiten.