Oh, isla encantada de agua plateada, olor a sal, la tierra mojada, mares abiertos, pequeños
puertos, casas bañadas en cal. En el calor de una noche de San Juan, entre las hogueras me vuelvo
a encontrar. Perdido en los brazos de besos y abrazos, surfeando las olas, riéndome a solas,
sediento de aliento. Un soplo de viento me lleva a tu almohada, adoro observarte soñar.
De entre las ruinas de un temblor, rescatamos los dos poemas que completan la ecuación,
dando nombre a las estrellas de nuestras charlas de arena. Tras el humo de un reloj que se esfuma
en horas muertas, un viejo lobo de mar cuenta historias de tormentas. Superamos las distancias
con mensajes en botellas. ¿Dónde no llega la luz de la ciudad?
Hay un pasillo secreto en la maleta que se aleja del rumor de marionetas.
Se abre paso entre un rungido tronador, sonriéndonos la luna nueva. Suena un singular
sonido de tambor, colándose tras las puertas. Es el dulce palpitar de un corazón, saludándole
esta vida nueva. Saludándole esta vida nueva.
Que nadie nos robe la magia, el miedo no tiene valor. Y es que a esta altura de la historia
solo responde esa voz que me hable con amor. Háblame de campos de color, háblame con
versos de ilusión, háblame. Te mueves con elegancia, lo sé, me haces bailar con gracia.
Háblame. ¿Sabes bailar con gracia? Ya lo ves. Por favor, háblame. Háblame.
Háblame, háblame. Háblame.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org