Nhạc sĩ: Santiago Rojas
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Señores,
les participo,
señores,
les participo,
que me presten atención,
para que le oigan el pito a este toro timarrón,
que cuando empieza a pitar no tiene comparación.
Mi nombre es Santiago Rojas,
en todas partes del mundo,
el turupi al volantón,
que dejo
para encumbrarme cuando siento rumazón,
y si me voy a caer, me agarro del diapasón.
Así me diga la gente,
que a los cupleros enfermos yo les tiro sin razón,
a toda boca
les digo con cara de tiburón,
que aprendí desde muy niño a cantar como un varón.
A todos los criticones que hablan por
detrás de mí sin motivo y sin razón,
les dejo el
hijo del diablo que está montando el pailón,
para que les derrita el alamido, convierte
en jabón.
Muchos cantantes de ahora se han
dejado envenenar con la civilización,
y están usando los
trapos que vienen de otra nación,
porque uno es venezolano,
todo el tiempo es un copión.
Otros cantan sin sombrero porque se creen
a la altura de José Luis y Tito John,
y el
que canta sin sombrero ya acerto con mi opinión,
no lo considero un hombre,
sino patorriar
pichón.
En el Estado Cojeres,
para premiar dos colegas,
aprovecho la ocasión,
una que
está en Quinaquillo que me critica un porción,
sin darte cuenta que ella vale menos que un
pichón.
No voy a decir su nombre,
porque ella a mí no me paga para que le haga promoción,
pero si ella sigue hablando por falta de orientación,
le saco el último trapo a la próxima grabación.
El otro es un pobre loco que le dijo a
Ramón Blanco a una pila y a un montón,
que me iba a enseñar cantando lo que era la educación,
que va a engañarme ese sucio que no tiene condición.
La vez que se volvió loco,
dijo que iba para la luna montado en un guitarrón,
sin embargo ya no pudieron hacerle la curación,
yo lo curaré a rolazos igual que a un gato ladrón.
Entre él y el periodista que en Valencia me critican,
le grito a todo pulmón,
que los dos son muy poquitos perros para mi león,
ya que me ensucian mi nombre en ese papel carbón.
Si es que el público no compra esos papeles tan puercos,
pónganse a vender turrón,
la chapa de poco tufo o jugo de papelón,
y si son homosexuales que se pongan camisón.
A ese cuete de sin oficio,
malandro,
marijuanero,
si no le falta el cañón,
les traje un tanque de guerra con corura y munición,
que quita que un día se ocupen
de servirle a tu nación.
Los voy a poner en fila, para que remienden
las calles con petróleo y con granzón,
porque en toda Venezuela las vías de penetración
ya no son ni carreteras,
sino un pueblo de ratón.
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