Un león muy melenudo
se encontró con un ratón
y escuchó muy sorprendido
lo que proponía el roedor.
No me tragues,
leoncito,
no acabes con un amigo,
si me perdonas la vida,
estaré en deuda contigo.
¡Ay, qué cosa tan graciosa!
Pero si soy un león,
si te perdono la vida,
es porque tú tienes buen humor.
Un león muy melenudo fue atrapado en una trampa
por temibles cazadores que lo ataron por las cuatro patas.
¡Ayúdame,
ratoncito!
Y el ratón agradecido le mordió las
ataduras con sus fieros dientesillos.
Es una gran moraleja de un equipo ganador,
porque ratón y león recibieron su favor.
¡Recibieron su favor!