acordeón al fecho y de buena
de la
de la
de la
de la
de la
de la
Costa Rica
no me le despegaba.
Escritos corridos, hechos ocurridos,
tocó haber vivido lo que les escribo
al son que marcaba Arturo.
El músico tocaba,
besó su palabra y se ganó el respeto.
Es de gran detalle, un capó completo
y se visita la palma.
Fue el encargo del viejo,
de fija mirada,
Héctor de Alberto,
de Arturo y de Carlos,
muy buen camarada.
Entre caravanas peleando las tierras de los Vestraleibas,
ciudades o sierras,
en Acapulco, Cuernavaca,
donde Arturo ordenara,
a su lado siempre estaba.