Nhạc sĩ: bosco herrero
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Buenas noches, Bosco.
Lo siento despertarte.
¿Qué pasa?
El Bostezo, que tiene pesadillas.
¿Lo oyes?
Es inaguantable.
Vale, pues ven que te hago un hueco.
Gracias.
Ah, y no te asustes por esos ruidos.
Se me llenó el vagón eltero de ratas, pero...
me gusta que estén aquí.
Este es el blues de las ratas,
todos mousaron como una piñata.
Todo mi cuerpo está lleno de manchas,
no saben si tengo la sarna.
Al guionista que escribe mi vida le gustan las bromas macabras.
Ella llenaba el vacío,
me soltó la mano y cayó en la avalancha.
Que alguien llame a un exorcista que hasta separados consigo notarla.
No importa si está arreglada,
incluso recién despertada,
yo la fotografiaría igual.
Llenaría cada sala con carteles de su cara,
como un puto asesino serial.
En la calle llueve whisky,
con regusto a brutalismo.
El carnicero besa hasta plas y habla con Dios del comunismo.
Entro a nuestro karaoke justo al terminar el turno.
Lloré viendo tu casa con el autobús nocturno.
Sé que soy un poco difícil.
Mi apellido es Catástrofe, detesto mis crisis.
No te sé abrazar con mis garfios.
Un arcado en tu arcoiris.
Que si vivo en la edad media no me gusta hacer amigos.
Voy a lomos de una cebra,
mi dedo has dictado el destino.
Acaricio tus tinieblas,
me olvidaste y aún las cuido.
Mi cadáver a tus piernas,
de esperar se ha derretido.
Mi amor.
Déjalo,
es el último préstalo.
Estoy sentado en el rentrén transiberiano
y forma en tu cara los mocielagos.
Me acordaré de ti cuando sea un anciano
y por los temblores ya no sea pintor.
Nos cruzaremos y siendo disimulado diré te quiero como un mentirocor.
Ya lo sé, dudas hasta de que existas.
Solo tachame,
soy otro nombre en tu lista que yo.
Ya lo sé, soy una if y un narcisista.
Con fobia a los gamusinos,
los pistachos,
los dentistas.
Sé que soy un infantil,
el apóstol del hambrunal.
Zoológico del alma y sus jirafas de la duda.
Solo sé mirarte a ti, tras tu nuca brotan muros.
Somos la euforia y el llanto,
no existimos si no es juntos.
Déjalo,
es el último préstalo.
Estoy sentado en el rentrén transiberiano
y forma en tu cara los mocielagos.
Me acordaré de ti cuando sea un anciano
y por los temblores ya no sea pintor.
Nos cruzaremos y siendo disimulado diré te quiero como un mentirocor.