Señor todopoderoso,
hay un creyente que tu ayuda reclama,
ayuda a los dioses omnipotentes,
pues su derrota es inminente.
Ayúdame señor,
la ciudad está sitiada,
los infieles nos atacan y mi tropa está rodeada,
la ciudad ya está en llamas,
hay infieles por doquier,
hay infieles hasta en mi cama,
está mi mujer.
Pobre muchacho,
pobre muchacho,
pobre muchacho.
Tú que todo lo puedes,
te ruego que los hagas huir,
tú que todo lo sabes,
todo es mucho decir,
evita que triunfe el inicio con sus malas artes,
tú que ves todas las cosas,
tú que
eres poderoso,
tú que eres humilde,
es decir,
que estás en todas partes.
¿Por
qué toleras la maldad?
¡Qué ingenuo!
¿Tú que eres todo amor?
¡Qué cínico!
¿Cómo no te conmueves?
¿Tú que eres todo piedad?
¿Por qué dejas al invasor salir triunfante?
¡Qué necio!
Tú que eres noble,
sabio,
todo poderoso,
apuesto,
hermoso,
delicado,
sensible,
fino y elegante.
¡Qué muchacho más inteligente!
¡Es suficiente!
¡Dale!
¿Qué pasa?
Daniel escucha.
¿Quién eres?
Soy aquel por quien tú eres.
Yo te saqué de Egipto,
te conduje por la vida,
te dejé en el mar rojo,
te guié hacia la tierra prometida.
Cruzando el Sinaí,
a tierra santa te traje,
por el mundo te esparcí.
¿Eres de la agencia de viajes?
No. Soy el supremo hacedor,
tu amo Jehová,
tu señor.
Mi Dios,
mi Dios,
mi Dios rico.
Tú eres mi Dios de veras, el Omnisafiente.
Te lo demostraré fiacientemente,
pregunta lo que quieras.
¿Cuál es la raíz cuadrada de 2?
1, 41, 42, 3, 6, 5, 6, 2.
La capital de Bulgaria.
Sofía.
El nombre de mi tía.
Euralia.
Campeón mundial del 34. Suecia.
No, Francia, con ese gol a gran distancia.
Quien hizo el gol de la victoria.
Yo soy quien concede la gloria y en ese gol
tan recordado, un tiro que se iba desviado,
yo puse mi dedo,
yo estaba allí porque yo
estoy en todos lados.
Así que estás en todos lados.
¿Y por qué en esta batalla no estuviste con mis soldados?
Bueno,
no puedo estar en todos lados.
Mis soldados están casi vencidos.
Ah,
perdón,
no sabía que tenían fecha de vencimiento.
Derrotados.
Señor,
debes ayudar al pueblo judío.
Debes cumplir con la ley mosaica o te reprobará la sociedad.
La sociedad hebraica.
Debes hacerlo ya, está triunfando el filisteo.
Arecués, su recepción,
dime tu primer deseo.
La ciudad es lo primero.
Destruiré al ejército infernal arrojándole mi rey o justiciero.
Impíos, aquí va vuestro final.
Has destruido mi ejército.
¿Cómo?
¿No eran los de azul?
¡No,
los de verde!
Uy, al erre.
Bueno,
no importa,
ahora le tiro a los otros,
¿eh?
Uy, se trabó.
Ahora has destruido la última muralla.
Los infieles nos invaden, ¡has algo!
Sí, sí, ahora lo arreglo, ¿eh?
No, no, para con la boleadora.
Has
hecho ya, mi señor, has hecho lo que te pedí.
No lo logré, un inconveniente.
La verdad es que fracasé.
No has podido conquistarla y hasta el éxtasis elevarla.
¡No!
Lo que pasó es que no he podido elevarla.
Pero acaso tú no eres omnipotente.
A mi edad yo ya soy omnipotente.
Se burló con insolencia, se burló de ti.
Yo tenía tu apariencia,
en realidad se burló de ti.
Pero Daniel,
nada de eso importa ahora,
porque vendrás conmigo al paraíso.
No había plateas.
Al paraíso, al Edén.
Sígueme.
¿Sabes, señor?
Cuando yo era pequeño,
solía hablar contigo todas las noches.
Ah, eras tú el que no me dejaba dormir.
Es que en ese entonces yo creía que existían tú y el demonio.
¡Por supuesto!
¿Acaso ya no crees?
Ahora creo que contigo es suficiente.
Ya no tengo ciudad,
pero vine al paraíso.
Y ya no tengo pareja,
pero tengo aún tu
compromiso.
¿Qué compromiso era?
Me debes el tercer deseo.
Es verdad.
Oh, todopoderoso.
Pide lo que quieras.
Quiero al marinero musculoso.
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