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Bài hát capitulo 3 : la cosa del rancho. do ca sĩ Bosco Herrero thuộc thể loại Rock. Tìm loi bai hat capitulo 3 : la cosa del rancho. - Bosco Herrero ngay trên Nhaccuatui. Nghe bài hát Capítulo 3 : La Cosa Del Rancho. chất lượng cao 320 kbps lossless miễn phí.
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Lời bài hát: Capítulo 3 : La Cosa Del Rancho.

Nhạc sĩ: bosco herrero

Lời đăng bởi: 86_15635588878_1671185229650

La megafonía averiada del petit chevalier
advirtió un comunicado inminente.
Por averías debido a la insostenible tempesta de escarcha,
pasajeros con destino a pie grande
deberán abandonar imperativamente el tren.
Nos bajamos los cinco de un brinco.
Magder, Ogely, Elbosteth, O'Wald y yo.
Ninguno sabía muy bien cómo llegar hasta el parque,
pero todos queríamos encontrar algo de cobijo caliente entre
tantas cordilleras heladas malcriadas por los yunques del silencio.
El horizonte era una esplanada blanca infinita que peregrinar.
Con tubérculos vivientes reptando hacia nosotros,
restos de paracaidistas muertos
y tierra seca sangrando charcos de penumbra.
Como un interminable homenaje a la nada.
Yo mecía apaciblemente a Norwaldo entre mis brazos,
pero desbarlaba demasiado enfermo ya.
Su pelaje muoso se deshacía volando con el viento y sus pezuñas
rascaban los bordes de mi abdomen rogando que le diese fin a sus días.
¿Por qué debía morir siempre la gente a la que amaba?
me preguntaba yo.
¿Por qué el mundo ahí fuera estaba tan irreconocible?
Me imaginaba a esa madre subida a un taurete en Nochebuena,
sola,
colocando la estrella al árbol de Navidad mientras llora,
con su hijo de siete años a medio metro,
abrazando a una madre de inteligencia
artificial a través de unas gafas,
la albóndiga fría en mitad del plato y un Papá
Noel de juguete aún cantando dentro de la basura,
tirado por no ser suficientemente ruidoso y
rápido para entretener a las nuevas generaciones.
¿En qué papilla instantánea quieren que nademos?
Mapaches con la espalda llena de salsa
dentro del contenedor de comida rápida,
masticando componentes de ordenador mientras toxicómanos lloran
viendo cómo se disfrazaron de Bustleye Year con ocho años,
cuando aún su madre les hablaba,
adictos a las benzodiazepinas por la
pereza patológica de indecentes psicólogos
y aplastados en el eje jerárquico por plutócratas de cuerpo hercúleo,
con rostros polioperados hasta el punto
de perder la movilidad de los músculos.
Torrifel comprada en criptomonedas,
gurús de la masculinidad,
estúpidos proclamadores de la apropiación cultural,
santa inquisición del bien y el mal,
risa automática ante la profundidad o
desarrollo de cualquier pensamiento,
opinión sintetizada,
cero poliédrica,
inquietud igual a serpeante,
políticos con logos distintos,
pero mismos baberos para comer vieiras.
Da igual ir en contra de la supuesta segunda invención del fuego.
El arte sorangután es
pulmón,
tachones en faltas de ortografía,
un divorcio en San Valentín,
es un pezón
más grande que el otro,
es plumbosis enloqueciendo a Goya,
sintetizadores de Morgarsson,
estafas
de Victor Lustig,
soledad invasiva de Hopper,
arrugas de Sixto Rodríguez,
una mancha de
humedad que parece el rostro de la Virgen,
niños robando patas de jamones tras quilones
de peluquero principiante,
confeti un día antes del cumple,
un estofado devorado por
el perro,
un dominó humano de 101 bailarinas con
tutús tropezando unas con otras en la
última función.
Eso es primitivo, eso es humano.
Tras ese discurso,
Dios apareció entre los aires.
No era un hombre,
era un colosal bellísimo pez linterna negro,
y con un gesto encantador,
nos invitó a Norwaldo y a mí a subirnos a su lomo,
para comenzar a volar entre las auroras boreales.
Yo lloraba,
viendo como Waldo respiraba sus últimos alientos.
Y Dios, desesperado por enseñarme que
aún existía esperanza en mi vida,
se propuso concederme un único deseo.
Enseñarme a qué suenan
todas las cosas que aún me quedan por vivir.
Gracias mamá por todos esos justificantes que
hacías para que no fuese a clase y visitásemos
juntos el Museo de Antropología.
Gracias por criarme en la ultra sensibilidad a la
ternura,
por enseñarme la rareza desde niño.
Aún me acuerdo mis compañeros de clase yendo
a Disneyland y tú y yo haciendo una ruta
de Cristos Momia por Palencia durmiendo en
el coche con gusanitos y cuarto milenio.
Gracias por haberme dado la vida y haberme otorgado
tu belleza y bondad.
Y no importa cuánto de mayor me haga,
siempre te voy a querer muchísimo.
Gracias a mi novia por ser mi dosis diaria intravenosa de felicidad,
por haber tenido
prácticamente que enseñar a Mara,
este crío de 20 años,
que habla durante una hora sobre
libélulas,
por ser la primera y última persona que
me conseguirá hacer llorar de la risa,
y por ser la responsable de diseñar cartulinas con fechas y plazos,
porque si no mis discos
no dejarían de posponerse.
Gracias por saber al milímetro cada cosa que me da miedo y
por siempre llenar mi vida de viajes,
fotomatones,
motivos florales y besos de esquimal.
Te quiero.
Gracias a mis mejores amigos,
Sergio y Turra, Carlos,
Velázquez,
Tarchi,
J. Altag, Pablo,
Mejías, Litchi.
Gracias a todos por quererme y por
aceptarme con todo lo excéntrico que soy.
Y para cerrar, gracias a ti también, Norwaldo.
Este disco ha sido una terapia de choque a ese
miedo que siempre me da el toc de volverme loco.
Eso de estar haciendo mascotas imaginarias que
hablan conmigo mismo,
hace cuatro años ni soñarlo.
Pero bueno.
Terminaré este disco contando la historia de tu dueño,
Norwaldo,
el señor bisonte del fundador del parque,
que no es más que una metáfora de mi futura vejez,
así como tú representas a mi niño interior.
Espero que allí donde estés,
si es que exista el cielo,
seas Lord Tiramisu,
Conde de los Dodos y todos esos apodos que tanto te gustaban.
Y para cerrar el ciclo perfecto,
terminaré este disco con un sample muy importante para mí,
la canción con la que nací.

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