Muchas veces pienso en cambiar de vida, de chica, de trabajo y de ciudad.
Y no es que me sienta mal con lo que tengo, o sufra una grave crisis existencial.
Es el instinto de ir a por tabaco y no volver, que gana fuerza cada día un poco más.
Me cuesta levantarme algunas mañanas para la misma gente, la misma sensación.
Y a veces en el trabajo planeo la gran revolución y ultimo los detalles para escapar.
Luego al regresar a casa miro a los ojos a llorar y llega simplemente un día más.