Vagando por la calle del olvido,
me siento prisionero de tus besos,
aquellos que corrieron por mi cuerpo,
igual que un dulce mar de escalofrío.
Desojo uno a uno tus recuerdos,
igual que una flor de primavera,
y la melancolía se acelera,
tirando mi alegría por los suelos.
Y a me ver, aquí estoy,
lamiando las heridas de tu amor.
Aquel amor que un día fue mi vida,
aquel amor que un día fue mi cielo,
el mismo que hoy me clava desidia,
el mismo que hoy me ata el sufrimiento.
Aquel amor que un día fue mi vida,
aquel amor que un día fue mi cielo,
el mismo que hoy me clava desidia,
el mismo que hoy me ata el sufrimiento.
Hay dolor y miedo,
porque aún te quiero.
Sentado en la penumbra de mi mente,
dibujo tu sonrisa en la arena,
pero solo construyo una mueca,
que me echa en cara que tú estás ausente.
Le busco una salida al laberinto,
en el que se ha perdido mi presente,
pero es una quimera permanente,
poner sin ti las cosas en su sitio.
Y a me ver,
aquí estoy,
lamiando las heridas de tu amor.
Aquel amor que un día fue mi vida,
aquel amor que un día fue mi cielo,
el mismo que hoy me clava desidia,
el mismo que hoy me ata el sufrimiento.
Aquel amor que un día fue mi vida,
aquel amor que un día fue mi cielo,
el mismo que hoy me
clava desidia,
el mismo que hoy me ata el sufrimiento.
Hay dolor y miedo,
porque aún te quiero.
Porque aún te quiero.