Llevo una huella imporrable,
oye mujer, por esta sangre tan querida,
de mi ocasión no tu amor,
porque sin ti ya no quisiera la vida.
No por lo que me hayas hecho,
oye cariño, ni a lo que la gente diga,
sino porque yo he sabido que de otro hombre tú eres su prometida.
Tu ambicioso corazón me traicionó por ser tú tan jovencita,
por la sencilla razón,
yo bien lo sé que no pude hacerte rica.
Espera tu largo tiempo,
oye mujer, tu querer no recita.
Con el amor no se juega,
ay no se juega cuando en el pecho palpita.
Mi querer no te hace falta,
no te hace falta, yo lo sé, mujer perversa.
Heriste mi pobre alma y la dejaste embargada de tristeza.
La piel de tu rostro es blanca,
pero por dentro llevas el alma muy negra.
Sabiendo aún tantas cosas,
mi corazón siempre te añora y recuerda.
No tienes perdón de Dios,
oye mujer, qué mal será tu destino.
Me voy a alejar de ti,
oye mi vida, para que quedes tranquila.
Yo quería hacerte un hogar,
hay un hogar para tener nuestros hijos.
Y llevar en mi existencia,
en mi existencia la armonía de tu cariño.