Decir tu nombre es pisar cristal,
decir tu nombre aquí y ahora,
decir tu nombre como ritual.
Tu nombre responde cuando lo escribo,
tu nombre de hombre sin puntos suspensivos.
A veces creo que te has ido para siempre,
a veces creo que lo hiciste todo mal,
a veces creo que vendrás a recogerme,
a veces creo ver tu mano en el umbral.
Te llamo hasta quedar a fonco.
Te llamo hasta quedar a fonco.
A fonco.
A fonco.
Soy yo el que cuida de tus cabras.
Soy yo el que no puedes sacrificar.
Soy yo el que viste con sus pieles.
Soy yo con el hacha en el altar.
Soy
esa que espera algún consuelo.
Soy esa que enhebra la tierra con el cielo.
Soy el hombre que arrojaste a la tormenta.
Soy el péndulo entre el vicio y la virtud.
Soy la bestia que se te por a sí misma.
Soy tu favorito entre la multitud.
Te llamo hasta quedar
a fonco.
Te llamo hasta quedar a fonco.
Te llamo hasta quedar a fonco.
Te llamo hasta quedar a fonco.
Al final del viento,
grito tu nombre al sol.
Solo me responden otros que gritan no más que yo.