¡Ah!
Tú, vuela, siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que por ti me muera.
Que no mirase tus ojos,
que no llamase a tu puerta,
que no pisase de noche las piedras de tu calleja.
Y ¡Ah!
Tú,
vuela,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que por ti me muera.
Mira que dice, ni dice,
mira que la tarde aquella,
mira que si fuiste y vino de su casa la Alameda,
y así mirando y mirando,
y así empezó mi ceguera,
y así empezó mi ceguera.
¡Ah! Tú,
vuela,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que de amor me muera.
¡Ah! Tú,
vuela,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que de amor me muera.
Que no bebiese en tu pozo,
que no cruzase las rejas,
que no mirase contigo la luna de primavera.
¡Ah!
Tú,
vuela,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que por ti me muera.
Ya pueden clavar puñales,
ya pueden cruzar tijeras,
ya pueden cubrir con sal los ladrillos de tu puerta.
¡Ah!
Ayer, hoy, mañana y siempre,
eternamente a tu vera,
eternamente a tu vera.
Siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta el día en que me muera.
A tu vera,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta el día en que me muera.
A tu vera,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que por ti me muera.
Mira que dice, mi dice,
mira que la tarde aquella,
mira que si fue y si vino de su casa la Alameda.
Y así mirando y mirando,
y así empezó mi ceguera,
y así empezó mi ceguera.
¡Ah! A tu vera,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que de amor
me muera.
A tu vera, siempre a la verita tuya, siempre
a la verita tuya, hasta que de amor me muera.
A tu vera,
siempre a la verita tuya,
siempre a la verita tuya,
hasta que por ti me muera.